lunes, 7 de febrero de 2011

EN EL BUEN CAMINO

Duden de quienes insinúen que habría soluciones fáciles para combatir esta crisis económica, y mucho más de quienes pretendan hacerles creer que ellos las tienen. Cuando sobrevino la gran tormenta financiera internacional, había dos razones para imaginar que España tendría que hacer un esfuerzo especial para vencer sus consecuencias: el estallido de la burbuja inmobiliaria, esa cultura del ladrillo promovida y celebrada durante los ocho años de Gobierno del PP, dejaba muy dañado uno de nuestros más importantes sectores económicos. De hecho, la semana pasada se supo que sin la contribución negativa del sector de la construcción a nuestra economía en 2010, ésta habría crecido un 1,6%, en lugar de un -0,2%. Por otro lado, las estructuras de nuestro mercado laboral estaban anquilosadas, y nuestro modelo de desarrollo precisaba también de una severa reforma que lo adecuara a los nuevos retos y lo preparara para afrontar el futuro.

El esfuerzo realizado estos últimos años por el Gobierno de España ha sido enorme. Su mayor confianza estaba depositada en el diálogo social, pero mientras éste no ha sido posible ha impulsado cuantas medidas ha entendido necesarias. En este esfuerzo, es inevitable decirlo, no ha contado con el apoyo del principal partido de la oposición, que imaginó desde el primer momento que malos datos económicos se traducían en buenas expectativas electorales para ellos.

Desde la semana pasada, nuestro país cuenta ya con un gran pacto social suscrito por el Gobierno y los agentes sociales, probablemente el hecho más importante ocurrido en varios años. No sólo garantiza la viabilidad de nuestro sistema público de pensiones para las próximas décadas, adaptando con flexibilidad las condiciones de jubilación a la nueva energéticas e industriales para los próximos años y, sobre todo, el de la negociación colectiva y el de las políticas activas de empleo. Es decir, redefine las relaciones laborales y al mismo tiempo transforma y refuerza las políticas activas de empleo para formar mejor a los parados y facilitarles su acceso al mercado laboral, da mejor respuesta a las necesidades de las empresas y establece nuevas medidas de estímulo a la contratación de jóvenes y parados de larga duración.

No se trata ya de unas medidas adoptadas por el Gobierno, sino de un gran pacto con los estratégico. Curiosamente, casi al mismo tiempo que el Ejecutivo se dejaba la piel para lograr este acuerdo y sindicatos y patronal hacían un gran ejercicio de responsabilidad, tenía lugar un hecho curioso que pone al descubierto las verdades de este PP “sediento de urnas” –la expresión es suya-: Mariano Rajoy acudía a un programa de televisión, y cuando una joven del público le preguntaba qué medidas concretas contemplaba para crear empleo y para apoyar a los emprendedores, el líder de la derecha se perdía entre sus notas y acababa confesando “una cosa verdaderamente notable”, dijo: que no entendía su propia letra.

El compromiso del PP con la creación de empleo se ciñe a unas frases manuscritas España se ha acogido con esperanza un gran acuerdo social que tendrá, indudablemente, un impacto muy positivo en nuestra economía. Ése es el buen camino. realidad demográfica de España, sino que va mucho más allá: traza el camino de las políticas representantes de los trabajadores y de los empresarios. No obstante, la primera respuesta del PP fue minimizar su importancia. ¿Por qué? Porque cualquier cosa que se haga para trasladar confianza o generar optimismo e impulsar la recuperación va en contra de su objetivo precipitadamente e ilegibles. No hay más. Al margen de esta triste realidad, dentro y fuera de España se ha acogido con esperanza un gran acuerdo social que tendrá, indudablemente, un impacto muy positivo en nuestra economía. Ése es el buen camino.

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